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Enero 24, 2019

Expertos detallan por qué el terremoto de Coquimbo de magnitud 6,7 fue más destructivo que el 8,2 de 2015

En la memoria de todos los habitantes de Coquimbo está el recuerdo del impacto del terremoto de 2015, cuya magnitud se calculó en 8.2. Una diferencia notable entre el evento de 2015 y el del sábado recién pasado, radica en que el primero tuvo mucho menos daños en las edificaciones. Otra diferencia radica en que el terremoto 6.7, a pesar de ser percibido con mayor intensidad, no tuvo ningún tsunami asociado.

El geólogo Gabriel González, subdirector del Centro de Investigación para la Gestión del Riesgo de Desastres, CIGIDEN, y académico de la UCN, advierte que se trata de eventos sísmicos muy diferentes y explica el mayor daño y la percepción de mayor intensidad que experimentó la población de Coquimbo se debe a la ubicación del  hipocentro.

“El hipocentro–zona en el interior de la Tierra donde inicia la ruptura de la falla, desde donde se propagan las ondas sísmicas–, del sismo 6.7, se ubicó prácticamente bajo la ciudad de Coquimbo, a unos 55 km de profundidad. En contraste, el hipocentro del terremoto de 2015 estuvo a unos 110 km de la ciudad de Coquimbo. Eso explica la primera y principal gran diferencia, que hace que uno sea sienta más fuerte que el otro”, asegura el geólogo de la UCN.

Parámetros sísmicos

El sismólogo Jorge Crempien, investigador de CIGIDEN y académico UC, en tanto, advierte que hay que distinguir parámetros sísmicos como magnitud, intensidad y caída de tensiones, que permiten entender un fenómeno natural como un terremoto. Los instrumentos de sismología (sismógrafos, acelerógrafos, GPS, etc.) miden ondas sísmicas que permiten inferir la magnitud y otras características de la fuente sísmica.

“La magnitud es una de las maneras de cuantificar el tamaño de un terremoto, y que para este evento, se estableció en 6.7. Otra medida importante para caracterizar un terremoto es la ‘caída de tensiones’, que permite inferir la energía irradiada en el medio durante el sismo. El terremoto del sábado fue muy energético y destructivo, provocando aceleraciones de suelo muy altas, de hasta 30% de la aceleración de la gravedad”, argumenta el experto.

Por otro lado, agrega Gabriel González, el terremoto 6.7 no fue un típico sismo de subducción, ubicado en el contacto interplaca entre las placas de Nazca y Sudamérica. “Este último terremoto se localizó, en la placa de Nazca, en una zona de fractura de orientación NE-SW y fue generado por una falla tensional, ubicada bajo Coquimbo, a 55-60 km de profundidad. Esta zona de fractura, es probablemente una prolongación de la fractura de Challenger ubicada en el piso oceánico, que se introduce bajo las costa de Coquimbo. En su mecanismo de generación es parecido al terremoto de Chillan y al sismo de Punitaqui de 1997. Ambos también altamente destructivos por la radiación de energía de alta frecuencia que generan este tipo de eventos”, plantea el doctor en geología.

“Todas esas características permitieron descartar una alerta de tsunami luego de realizada la evaluación técnica por parte del SHOA”, comenta Rodrigo Cienfuegos, director de CIGIDEN y académico de la Escuela de Ingeniería UC, sin embargo, el nuevo protocolo establece declarar alertas preventivas en caso de observarse intensidades locales superiores a VIII en la escala de Mercalli, incluso sin esperar la evaluación técnica. Esto con el objeto de ganar tiempo valioso en el caso de ocurrir un tsunami destructivo. Si el tsunami no es confirmado por la evaluación del SHOA, entonces se procede a cancelar la alerta.

“Pero es correcto y esperamos que la población se acostumbre a optar por la autoevacuación si experimenta un terremoto de duración de más de un minuto y le es difícil mantenerse de pie. Somos un país sísmico y debemos optar por el principio de precaución para salvar vidas”, concluye Cienfuegos.