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La Tercera: Mientras más relaciones comunitarias, más protegidos frente a riesgos de desastres

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Gonzalo Bacigalupe

Investigadores

Gonzalo Bacigalupe

Cosas tan simples como conocer a tus vecinos, realizar actividades en común, jugar con amigos de la comunidad donde vives o tener una organización básica en un condominio –lo que antiguamente era prácticamente natural–, hoy constituyen un factor protector frente a riesgo de desastres por amenazas naturales.

Es lo que se conoce como capital social, que incluye como primer eje las relaciones entre los miembros de una comunidad, conocer a tus vecinos, ser parte de un vecindarios activo y cohesionado. Pero también los vínculos con las autoridades locales y cuán poderosas son estas, junto a esto un tercer eje, que tiene que ver con comunidades más informadas sobre sus riesgos. Todas estas características son clave en la reducción de riesgo de desastres antes, durante y después de la emergencia, y se conoce también como resiliencia.

Esta fue la conclusión de dos investigaciones realizadas por Daniel Aldrich, director del Programa de Seguridad y Resiliencia de la Universidad de Northeastern. Él estuvo de visita en Chile, para participar de la conferencia el “El poder de las personas: Cómo las comunidades construyen resiliencia para el desastre”, organizado por el Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres, CIGIDEN. 

Daniel analizó las interacciones, conversaciones y posteos de más de 1.5 millones de usuarios de Facebook, durante la emergencia provocadas por los huracanes de Harvey, Irma y María en Estados Unidos, e incorporó data del mega terremoto y tsunami de Japón en 2011. Al analizar evacuación, mortalidad y recuperación tras un desastre, el resultado siempre es el mismo: aquellas localidades ­que tenían un alto capital social evacuaron más de las zonas de peligro, lograron salir ilesas del impacto de un tsunami de las dimensiones de Japón, por ejemplo, y la recuperación tras un desastres es más rápida.

Esto ha despertado en Estados Unidos, una ola de proyectos para fomentar que entre vecinos se conozcan, jueguen, participen de fiestas como el Día de la Comunidad, es decir, hacer simplemente vida de barrio. Porque en situación de emergencia son esas comunidades las que cohesionadamente deciden evacuar cuando su vida peligra, porque, además, contará con redes en otros lugares para acogerlos.

Vida comunitaria que hace más de cuatro décadas en Chile era algo infiltrado en la vida de los chilenos: jugar fútbol en la calle, participar de navidades comunitarias y organizar la “cuadra” para hacer fiestas varias. Esto se ha perdido y junto con ello, la protección frente a amenazas naturales con la que convive nuestro país y, que cada cierto tiempo, despiertan. Chile pierde la memoria de sus desastres, y eso claramente constituye un riesgo frente al riesgo que tenemos de vivir terremotos, tsunamis, aluviones, erupciones volcánicas o incendios.