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La Tercera: ¿Medicina para la crisis social? Columna de opinión

SEÑOR DIRECTOR
A las autoridades les preocupa hoy lo que sucede en Quintero y Puchuncaví, un desastre lento que recién se hace visible.
Sin embargo, primero vinieron los cuestionamientos: “podría no ser una intoxicación”. Descalificaron de esa manera una historia de informes y relatos de la comunidad que confirmaban que el deterioro ambiental es la causa indiscutible de los serios problemas de salud en la zona. Después aseguraron que nadie ha puesto en duda su existencia y, luego, decidieron que era necesario el acompañamiento psicológico de los vecinos que viven en esta “zona de sacrificio”.
Las autoridades se equivocan al pensar que la situación de Quintero y Puchuncaví es similar al estrés vivido en un terremoto o tsunami, lo que revela la dificultad de entender el real impacto de vivir en un ambiente tóxico. El diagnóstico de estrés post desastre, por parte de las autoridades, “medicaliza” una crisis que es social y política, enfatizando una intervención individual, donde hay solo pacientes que tratar.
Cuando las autoridades proponen medidas asistencialistas, de emergencia, de expertos haciéndose cargo de las dolencias de pacientes, se nos invita a todos a ser actores pasivos de una situación que requiere conversaciones profundas con la comunidad. Más que tratamiento, primero le debemos serias disculpas como país a estas comunidades, por la desidia estatal y empresarial que por más de cinco décadas han vivido. Después comienza el proceso de reparar. Para ello, se necesita desarrollar vínculos reales con esas personas, tanto con los que aparecen resilientes como aquellas que están dolientes. El vínculo no es el de un experto en psiquiatría o psicología con un paciente sufriendo, es una comunidad país acogiendo el sufrimiento, sin peros.

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