Columnas

Volar un dron para conocer el riesgo de desastres

En Chile muchas familias viven en territorios precarios, muy vulnerables a los eventos naturales extremos. Tenemos los investigadores y la ciencia una gran deuda con esas comunidades que habitan cerros de puertos costeros, donde el peligro de un deslizamiento de tierra o un incendio es inminente. Es lo que ocurre en la ciudad de Valparaíso. Pero también otros territorios expuestos a peligros de tsunami, aluviones, y a tóxicos producidos por actividades mineras y termoeléctricas como en Tocopilla o Ventanas.

En estas ciudades, como en muchas otras, e incluso nuestra capital, existen organizaciones comunitarias, juntas de vecinos, asambleas de familias que trabajan solidariamente para obtener servicios básicos como agua potable, electricidad, alcantarillado y caminos. Son estas familias las que sufren desproporcionadamente el efecto de eventos naturales extremos y el cambio climático. La naturaleza efectivamente se rebela pero los desastres son un producto humano. 

Es justamente en estos lugares donde conversar sobre la reducción del riesgo de desastres es imperativo. Las nuevas tecnologías nos pueden ofrecer un camino para tener esas “conversas” tan necesarias con la comunidad. Las personas, a pesar de haber vivido un largo periodo en un territorio, no necesariamente lo conocen. Los investigadores, la ciencia y los agentes culturales, tenemos ahí una tremenda deuda que facilite espacios de conocimiento estimulantes y atractivos para niños, jóvenes y adultos.

Con un equipo de investigadores hemos invitado a comunidades organizadas (campamentos, tomas, barrios) a conocer su territorio con el uso de drones. Los invitamos a “volar” sobre su barrio utilizando visores virtuales que están conectados a las cámaras de estos drones. También hemos construido maquetas y mapas que les sirven a estas familias para reconocer sus espacios de vivienda, los recorridos y sus alrededores.

Para muchas de estas familias estos “volantines robóticos” abren nuevas puertas a la imaginación y percepción de sus espacios de vida. Los invitan a conversar desde el momento de generar datos hasta la elaboración de un reporte o una maqueta que los empodera para articular sus demandas con la municipalidad o un ministerio. Prepararse y educarse para el riesgo se transforma en algo atractivo. De modo similar, después de la emergencia producida tras un desastre, interactuar con estas nuevas tecnologías le abre a la comunidad nuevas maneras de planificar y reconstruir su vivienda y su territorio.

Los drones suelen asociarse a actividades de vigilancia, militares o recreativas, pero pocas veces a procesos de participación comunitaria. Imaginemos, por ejemplo, una junta vecinal organizada que vuela un dron para mapear su comunidad, inmediatamente después del comienzo de un incendio. Imaginemos a esa misma comunidad capaz de procesar rápidamente esas imágenes y transmitirlas tanto a las autoridades locales como a los habitantes del sector. Imaginemos un grupo de profesionales junto a personas en una comunidad devastada por un aluvión, con la capacidad de analizar imágenes y definir si es necesario relocalizar el barrio o reconstruir. ¿Cuáles son los conocimientos que requerimos para poder implementar nuevas formas de colaboración con las comunidades más vulnerables expuestas a riesgos de amenazas naturales? Estas son algunas de las preguntas que nuestro equipo intenta responder a través de investigaciones en terreno que integran el uso de estas nuevas tecnologías.

Revisa la publicacipon original en La Tercera, en el siguiente link https://bit.ly/2uMxQPm