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Cigiden R+ realiza el primer trabajo de campo del Challenge “Caleta de resiliencia” y mapea 13 kilómetros de costa con dron

3 de Noviembre de 2026

La investigación busca co-diseñar con las comunidades de caletas artesanales del Maule, Ñuble y Biobío estrategias de adaptación y recuperación, a 16 años del terremoto y tsunami del 27F. 

Un equipo interdisciplinario de Cigiden R+ realizó, durante la semana del 12 de octubre, el primer trabajo de campo del Challenge “Caleta de Resiliencia: desajustes espacio-temporales del riesgo en asentamientos costeros”. Este trabajo en terreno incluyó el levantamiento con dron de 13 kilómetros de litoral entre Duao y La Pesca y reuniones con sindicatos de pescadores y con el equipo de la Municipalidad de Licantén, y es considerado el primer paso de una investigación que examina cómo han cambiado las caletas artesanales a 16 años del terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010.

Lautaro Ojeda, académico de la Universidad de Valparaíso e investigador adjunto de la línea Sociedad de Cigiden R+, explicó que el objetivo es “co-diseñar, junto a los habitantes de caletas artesanales y la institucionalidad pública involucrada, elementos estratégicos de adaptación, resiliencia y recuperación a nivel social e institucional”. La propuesta pone así a las comunidades y a las instituciones en el centro del proceso, no como destinatarias de resultados ya elaborados.

Para ello, el Challenge reúne a investigadores de la totalidad de líneas de investigación de Cigiden R+ (Desafíos, Amenazas, Territorios, Infraestructura y Sociedad), provenientes de la Pontificia Universidad Católica, la Universidad de Valparaíso, la Universidad Técnica Federico Santa María, la Universidad de Chile y la Universidad Austral de Chile. Entre ellos figuran Rosita Jünemann, Patricio Catalán, Patricio Winckler, Rodrigo Cienfuegos, Karla Palma y Paula Villagra, junto a personal técnico y a un investigador postdoctoral del Centro.

El riesgo, el tiempo y los saberes locales

El proyecto busca responder cómo los desajustes espacio-temporales del riesgo producidos en estas caletas tras el 27F pueden contribuir al co-diseño de estrategias de adaptación, resiliencia y recuperación. Estos desajustes son los desfases entre las acciones de respuesta, recuperación y comunicación y el cambio social, espacial, ambiental y morfodinámico, es decir, la transformación de la forma misma de la costa, que han experimentado estos territorios. El análisis considera, además, otros desastres ocurridos desde 2010.

Los vínculos con la comunidad fueron posibles gracias al trabajo etnográfico, basado en la convivencia y el registro de la vida cotidiana de un territorio, que personal técnico del equipo ya había desarrollado en Licantén. Alejandra Vergara, asistente de investigación de la línea Sociedad de Cigiden R+, relató que los representantes sindicales “se mostraron muy abiertos a colaborar con el proyecto y tienen mucho que decir”. Se trata, explicó, de una comunidad que “conoce el territorio y sus ritmos y señales de una manera muy profunda”, con un conocimiento “adquirido a través de la experiencia, el cuerpo y los lazos familiares”.

La acogida del equipo municipal fue igualmente cálida, por el trabajo previo con ellos y por su valoración de la colaboración entre el gobierno local y el mundo científico. Vergara precisó que el equipo de la oficina de emergencia “ve una oportunidad en la colaboración con el proyecto y el Centro”, y que, dada su experiencia con los ciclos del río Mataquito y con el tsunami de 2010, “se podrá aprender mucho de la gestión local del desastre que es tan particular a estos territorios”.

La costa vista desde el aire

El componente tecnológico del trabajo en terreno fue el levantamiento con dron, realizado por Manuela Penas y Randy Román, pilotos de la USM, con el Certificado Especial de Operaciones n.° 2061, cuyo representante es Jorge León, Director Alterno de Cigiden R+. Ojeda guió a los pilotos en terreno y, de regreso, estuvo a cargo del procesamiento de más de 13.000 imágenes de alta resolución. El proceso, llamado orto-rectificación, corrige las distorsiones propias de la toma aérea y transforma las fotografías en un registro fiel y medible del territorio.

Ese registro permitirá estudiar la costa con un nivel de detalle difícil de obtener desde tierra. “Esta información será relevante para realizar análisis material, urbano y geomorfológico del territorio”, señaló el académico de la UV, en referencia al estudio de las construcciones, la trama urbana y las formas del relieve costero. En la misma jornada, además, se puso a prueba en terreno la aplicación Cultiva Resiliencia, junto a Paula Villagra.

Los datos recogidos son la base para evaluar cómo cambiaron estos asentamientos desde el 27F y para sustentar un co-diseño con quienes viven y trabajan en las caletas, con el fin de fortalecer su adaptación, resiliencia y recuperación frente a futuros desastres.

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