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Un nuevo catálogo unifica más de cinco siglos de terremotos en Chile para afinar los estudios de peligro sísmico

4 de Noviembre de 2026
El académico de la UDD e investigador de Cigiden R+ Gabriel Candia, junto a Jorge Macedo, presenta un catálogo que reúne más de cinco siglos de registros para mejorar uno de los insumos de los estudios de peligro sísmico en Chile.

Un equipo de la Universidad del Desarrollo (UDD) y del Georgia Institute of Technology publicó en línea el 13 de julio de 2026, en la revista Seismological Research Letters, el artículo A Homogenized and Declustered Earthquake Catalog for Continental Chile. El trabajo presenta un catálogo sísmico homogeneizado y declusterizado para el territorio continental de Chile, entre los 15° y los 60° de latitud sur. El catálogo integra 12 fuentes globales, regionales e históricas, con registros que se remontan a 1471 y que suman 253.609 eventos antes de su depuración. Su propósito es ofrecer una base única y documentada para los estudios de peligro sísmico.

El trabajo proviene de la Facultad de Ingeniería Civil de la UDD, del Centro de Investigación en Sustentabilidad y Gestión Estratégica de Recursos (CISGER-UDD) y de la School of Civil and Environmental Engineering del Georgia Institute of Technology. Sus autores siguieron tres etapas: compilar los catálogos, depurar los registros duplicados y separar las réplicas de los terremotos independientes.

Doce catálogos y más de cinco siglos de historia sísmica

“Chile cuenta con una enorme cantidad de información sísmica, recopilada durante décadas por distintas instituciones nacionales e internacionales”, señala Candia. Sin embargo, esos registros no siempre son consistentes entre sí, ya que utilizan escalas de magnitud distintas, presentan diferencias en la localización de los terremotos y cubren períodos históricos distintos. Para integrarlos, el equipo reunió doce catálogos, entre ellos los del Centro Sismológico Nacional (CSN) y el Instituto Geofísico del Perú (IGP), además de archivos históricos como el Global Historical Earthquake Catalogue y el SISRA, desarrollado por el Centro Regional de Sismología para América del Sur (CERESIS).

Esa combinación abarca desde registros instrumentales modernos hasta sismos reconstruidos a partir de archivos, informes de daños y observaciones macrosísmicas, algunos de ellos anteriores a la instrumentación sísmica.

La segunda operación fue la homogeneización. Todas las magnitudes se expresaron en magnitud de momento (Mw), la escala común del catálogo. Para convertir las demás se usaron regresiones empíricas calibradas con cerca de 4.000 pares de observaciones.

Luego, cada evento se clasificó según su origen tectónico en una de cinco categorías: interfaz de subducción (IF), asociada a los megaempujes o megathrust; intraplaca (SL), en la placa que subduce; corteza superficial (SC); zona de flexión exterior (OR), mar adentro y frente a la fosa; y sin clasificar (UN). Para asignar cada categoría se consideró la ubicación de cada sismo respecto al modelo Slab2.0, que describe la geometría de la placa de Nazca, además de los mecanismos de falla cuando existen y las evidencias históricas de tsunami. Al norte de los 44° S, donde esa geometría está bien definida, se aplica esta clasificación; más al sur, los autores usan reglas simplificadas.

Fig. Megathrust tsunamigenic earthquakes in southern Perú and the Chilean margin since 1570, identified from the National Centers for Environmental Information/National Oceanic and Atmospheric Administration tsunamic database (NOAA, 2025). The color version of this figure is available only in the electronic edition. (Imagen y descripción extraídas del artículo).

Un criterio objetivo para decidir qué registro conservar

Cuando varias agencias informan un mismo terremoto, no siempre coinciden en sus parámetros. El sismo de Atacama de 1922, de Mw 8,5, ilustra el problema, ya que sus epicentros reportados difieren en más de 110 kilómetros, y las profundidades focales van de 25 a 70 kilómetros según el catálogo. Candia explica que estas diferencias pueden ser importantes, especialmente en los terremotos más antiguos, cuando los instrumentos y los métodos de análisis eran menos precisos.

Para resolverlo, los investigadores desarrollaron el Event Priority (EP), un sistema de evaluación y priorización de eventos. Primero se agrupan los registros de un mismo sismo, comparando cada evento con el anterior en el catálogo ordenado cronológicamente, con umbrales de tiempo, magnitud y distancia que varían según el período de instrumentación. Después, cada registro recibe un puntaje que suma modificadores asociados a la jerarquía de la fuente, la ausencia de mecanismo focal, una profundidad poco confiable o una clasificación incompatible con la evidencia de tsunami. Se conserva el registro de menor puntaje.

Por ejemplo, el terremoto del Maule de 2010 fue informado por ocho agencias durante la era digital, y se conservó el registro del catálogo ComCat, por la exhaustividad de su reporte y la confiabilidad de su información de tensor de momento.

Para Candia, el eje del procedimiento fue la trazabilidad, ya que “un principio fundamental fue mantener la trazabilidad de la información”. No se trataba de eliminar duplicados de manera arbitraria, sino de establecer criterios objetivos y reproducibles que justifiquen por qué se priorizó un registro sobre otro.

Separar las réplicas para medir la sismicidad independiente

Un gran terremoto suele ir acompañado de cientos o miles de réplicas. Para estimar la frecuencia de los sismos independientes hay que separarlos de las secuencias de réplicas y precursores, en un procedimiento llamado declusterización. Como no existe una única manera de hacerlo, el estudio evaluó cuatro algoritmos. Los de Gardner y Knopoff (1974) y Poulos et al. (2019) usan ventanas espacio-temporales; el de Reasenberg (1985) emplea un modelo estadístico de agrupamiento, y el de Zaliapin y Ben-Zion (2013) relaciona cada evento con su vecino más cercano en tiempo y distancia.

Para evaluar los métodos, los autores reunieron 105 réplicas bien documentadas de magnitud Mw 6 o superior, asociadas a seis grandes secuencias: Valparaíso (1985), Tarapacá (1995), Perú (2001), Maule (2010), Iquique (2014) e Illapel (2015). El método de Gardner y Knopoff clasificó como dependiente el 56% de los eventos, frente al 26% a 37% de los otros métodos. Además, no logró clasificar como dependientes 28 de esas réplicas, entre ellas los sismos de Pichilemu de Mw 6,9 y 7,0 y el de Tirúa de Mw 7,2.

Candia sostiene que estas ventanas “no siempre representan adecuadamente el comportamiento de la sismicidad chilena”, especialmente en la zona de subducción, donde los grandes terremotos pueden generar réplicas a cientos de kilómetros y durante períodos prolongados. En magnitudes moderadas, que dominan el catálogo, la ventana temporal de Gardner y Knopoff es sustancialmente más larga que la de Poulos et al., lo que aumenta el número de eventos clasificados como dependientes. En cambio, para magnitudes grandes, la ventana de distancia es comparativamente restrictiva, y algunas réplicas importantes quedan fuera del umbral espacial. Candia advierte además que, en sismos moderados, los métodos de ventanas pueden clasificar como réplicas eventos que podrían ser independientes.

El método de Zaliapin es más flexible, ya que analiza las relaciones espaciales, temporales y de magnitud entre los terremotos, sin depender de ventanas rígidas predefinidas. Candia destaca que el método “mostró un comportamiento más consistente con las características de la sismicidad chilena” y con los supuestos estadísticos habituales para estimar el peligro sísmico. Por esa razón, los autores lo recomiendan y proponen asignarle mayor peso en los marcos de árbol lógico que se usan en los estudios de peligro sísmico. Aun así, consideran importante incorporar otros enfoques para representar la incertidumbre asociada a estas decisiones.

La elección del método puede modificar las tasas de ocurrencia de terremotos, que son uno de los principales antecedentes para calcular el peligro sísmico. Esas tasas permiten estimar, por ejemplo, los niveles de aceleración del suelo que deben considerarse en el diseño de edificios e infraestructura. Candia señala que, a gran escala, las diferencias entre métodos son relativamente pequeñas, pero se vuelven relevantes al estudiar regiones específicas o zonas que han experimentado grandes secuencias sísmicas. El catálogo, además, permite caracterizar mejor la actividad a escala regional; por ejemplo, en el norte de Chile, la incorporación de registros adicionales, especialmente de instituciones regionales, amplía considerablemente la información disponible. De ahí su recomendación de  “incorporar explícitamente la incertidumbre asociada al procesamiento de los datos en los estudios de peligro sísmico”.

De la base de datos al diseño de edificios e infraestructura

Para Candia, el valor del trabajo no está solo en disponer de un catálogo más completo, sino también en cuantificar las incertidumbres y mejorar la calidad de la información sobre la que se toman decisiones de ingeniería y gestión del riesgo. Como él plantea, “contar con información confiable sobre nuestra actividad sísmica es fundamental para reducir el riesgo de desastres”. Los estudios de peligro sísmico sustentan decisiones concretas, desde la definición de criterios de diseño para edificios, puentes e infraestructura crítica hasta la planificación territorial y la evaluación de riesgos para las comunidades.

La metodología también busca ser transparente y reproducible. Según los autores, puede actualizarse a medida que se disponga de nuevos registros sísmicos o mejores técnicas de análisis, y aplicarse a otros tramos del margen andino. El catálogo fusionado, con sus marcas de clasificación, se incluye en el material suplementario del artículo. Candia espera que el trabajo sea una base para futuras investigaciones y que pueda extenderse a Perú, con el que Chile comparte un sistema tectónico y una amenaza sísmica de características similares. En sus palabras, mientras mejor comprendamos la actividad sísmica de nuestro territorio, “mejores herramientas tendremos para anticipar sus posibles efectos”.

Fig. Spatial distribution and cross-sections of earthquakes in the compiled catalog. Circles are scaled by magnitude. Depth contours represent the top of the Slab2.0 model (Hayes et al., 2018). The right panels show cross-sections along transects A–E (locations on the map), with solid lines marking the upper and lower bounds of the Slab2.0 interface. Solid lines represent the upper and lower slab interfaces derived from the SLAB2.0 geometry. Dashed lines mark the classification boundaries used to distinguish Interface, Intraslab, Shallow Crustal, Outer-Rise, and Unclassified earthquakes according to the adopted event-classification scheme. The color version of this figure is available only in the electronic edition. (Imagen y descripción extraídas del artículo).

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