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Día internacional para la reducción del riesgo de desastres por Constanza González Mathiesen

27 de Octubre de 2026

Ver la publicación original en app.ncdata.cl (se abre en una ventana nueva)

El 13 de octubre se conmemoró el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres, fecha promovida por las Naciones Unidas. Este día tiene por objetivo fomentar una cultura de prevención en gobiernos, instituciones y comunidades, reducir las pérdidas humanas y económicas que provocan los desastres, y visibilizar cómo el cambio climático y la desigualdad social aumentan la vulnerabilidad de las comunidades más expuestas.

Para mí, este es un día de recordar a las personas que han perdido su vida a causa de estos eventos, hacerles homenaje y recordar que tenemos la responsabilidad de que su pérdida no sea en vano. En total, desde 2020 en Chile se acumulan más de 180 fallecidos por megaincendios y alrededor de 10 por inundaciones y temporales de lluvia. Su memoria nos compromete a seguir trabajando para que, como sociedad, logremos avanzar en la protección de las personas.

Avanzar en esa protección, en mi opinión, exige mirar con atención cómo avanzamos de una aproximación reactiva a los desastres a una enfocada en la gestión integral del riesgo de desastres. Los incendios, las inundaciones y otros eventos van a seguir ocurriendo, y aquellos asociados al cambio climático probablemente serán cada vez más frecuentes e intensos. Sin embargo, no tienen por qué terminar en desastres si somos capaces de anticiparnos y reducir el riesgo.

Creo que avanzar hacia ese enfoque depende de tres factores. El primero es la comprensión, porque aún cuesta entender cómo integrar la gestión del riesgo de desastres tanto en las decisiones diarias como en aquellas a largo plazo. El segundo es la capacidad de cambiar, que se ve limitada por diversos factores internos y externos. El tercero es la voluntad de cambiar, que muchas veces responde más a los intereses de los distintos actores a que lo que realmente reduce el riesgo. Reconocer estas tres dimensiones y trabajar con ellas es clave para que la gestión del riesgo de desastres deje de ser reactiva y logre proteger efectivamente a las personas.

La gestión del riesgo de desastres es, además, una responsabilidad compartida, tal como lo reconoce el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres. No depende sólo del Estado, sino también de los gobiernos locales, el sector privado, la academia, las organizaciones civiles y cada una de las personas. Esto se relaciona directamente con los tres factores anteriores. La comprensión se construye en conjunto, cuando el conocimiento técnico y científico dialoga con el conocimiento local de las comunidades que habitan el territorio. La capacidad de cambiar crece cuando los distintos actores coordinan sus recursos y competencias, en lugar de actuar por separado. Y la voluntad de cambiar se fortalece cuando asumimos que reducir el riesgo es una tarea propia y no algo que corresponde únicamente a otros. Sólo así podremos honrar la memoria de quienes han perdido la vida y construir territorios más seguros.

Este 13 de octubre fue, entonces, una invitación a que la pérdida de tantas vidas no sea en vano. Reducir el riesgo de desastres no es tarea de unos pocos, sino un compromiso que nos involucra a todos. Desde el lugar que cada uno ocupa, todos tenemos un rol importante que cumplir para que el próximo evento no se transforme en una nueva tragedia.

*Columna publicada el domingo 25 de octubre de 2026, en Diario El Sur

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