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La evidencia que transforma desastres en respuesta: el despliegue internacional y nacional de Cigiden R+ en 2026

28 de Septiembre de 2026

En un año 2026 particularmente marcado por la intensidad y frecuencia de eventos extremos a escala global –con emergencias devastadoras en países como Venezuela, Colombia y Nepal–, la ciencia aplicada a la gestión del riesgo ha tenido que salir de las aulas y laboratorios para responder directamente en el terreno. Frente a este panorama, el Centro de Investigación Interdisciplinaria en Riesgo, Resiliencia y Recuperación ante Desastres (Cigiden R+) ha consolidado una agenda de trabajo de campo orientada a estudiar en terreno los impactos de fenómenos sísmicos e hidrometeorológicos.

Esta estrategia científica se despliega en la denominada “ventana crítica”: ese estrecho margen temporal que transcurre inmediatamente después de la emergencia y antes de que se inicien las obras de reparación o limpieza. En ese lapso crucial, los equipos técnicos entran en contacto directo con las comunidades, los territorios y la infraestructura afectada para registrar el comportamiento real de las obras civiles y viviendas. La meta es transformar esa evidencia empírica en normas de edificación más exigentes, mejores herramientas de planificación territorial y soluciones concretas que conecten la investigación con las necesidades reales de las personas.

Asistencia técnica en Venezuela: evaluación de habitabilidad, mediciones y reconstrucción

Frente a la secuencia de sismos devastadores que afectó a Venezuela el 24 de junio de este año, la Pontificia Universidad Católica de Chile y Cigiden R+ organizaron una misión multidisciplinaria de cooperación técnica en coordinación directa con el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. La delegación, compuesta por catorce profesionales entre ingenieros estructurales, arquitectos, constructores civiles, médicos y especialistas en riesgo, viajó al país con el objetivo de ir más allá del diagnóstico de emergencia tradicional. Entre ellos iban seis miembros de Cigiden R+: Rosita Jünemann, Matías Hube, Jorge Crempien, Hernán Santa María, Leoncio Cabrera y Karen Escalona. Como destaca la investigadora Rosita Jünemann, la misión buscó articular a un equipo interdisciplinario que no solo se limitara a hacer evaluación de estructuras, sino a “aportar con levantamiento de datos, levantamiento de información y tratar de, con una mirada interdisciplinaria y un poco más integral, aportar con algunas recomendaciones para el proceso de recuperación post sismo en Venezuela”.

Bajo la dirección en terreno del académico Matías Hube, director del Departamento de Ingeniería Estructural y Geotécnica UC, el equipo implementó protocolos de inspección ágil junto al Ministerio de Transporte venezolano y la Comisión Presidencial para la Evaluación de Habitabilidad de Infraestructuras. El trabajo permitió clasificar las construcciones en tres categorías operativas: edificaciones aptas para uso continuo, inmuebles con acceso restringido por riesgo moderado y estructuras que requieren demolición inmediata.

Sin embargo, el despliegue técnico también contempló un exhaustivo análisis del comportamiento geotécnico y dinámico del parque edificado. El investigador Hernán Santa María explica que la inspección masiva de inmuebles permitió “entender cómo es el sistema constructivo predominante en Venezuela” y evaluar cambios que van “desde las normas hasta las prácticas constructivas” para mejorar las estructuras futuras. Además, las mediciones del período fundamental de las edificaciones y del comportamiento del suelo entregaron claves fundamentales para descifrar “por qué en ciertos sitios hubo mucho daño y en otros sitios hubo muy poco daño a pesar de tener el mismo tipo de edificios”.

Esta aproximación integral permitió concluir que la severidad de los estragos respondió a una combinación de factores que abarcó desde la magnitud del evento sísmico hasta deficiencias en los procedimientos de diseño y metodologías constructivas. Para el profesor Hube, la experiencia deja aprendizajes de doble vía: mientras apoya los desafíos de rehabilitación en Venezuela, reafirma el valor de la “cultura sísmica” desarrollada en Chile, donde la ocurrencia frecuente de terremotos ha forzado la actualización constante de normas de diseño y protocolos de edificación que evitan el olvido social y técnico de las amenazas naturales.

Lecciones del sismo en Colombia: ingeniería básica en viviendas informales

El frente de trabajo internacional tuvo otro hito determinante en Colombia tras el agresivo terremoto de magnitud 7.4 y 96 kilómetros de profundidad registrado en agosto de 2026, con epicentro en San José del Palmar, Chocó. En respuesta a la solicitud formal de la Oficina para la Prevención y Atención de Desastres del Distrito Especial de Buenaventura, una misión científica liderada por el académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile e investigador de Cigiden R+, Diego Valdivieso Cascante, junto a los ingenieros Anderson Muñoz y Jheyder Pérez, se desplegó en el borde costero para evaluar el impacto del movimiento telúrico en asentamientos informales.

El levantamiento técnico en terreno se concentró en palafitos de madera y viviendas de albañilería donde la precariedad socioeconómica acentúa la vulnerabilidad física. Las inspecciones evidenciaron una clara divergencia en el comportamiento estructural: mientras la albañilería no confinada sufrió fallas severas y colapsos, la incorporación de criterios ingenieriles básicos demostró ser decisiva. Al respecto, Valdivieso observó en terreno que las estructuras de madera situadas “sobre palafitos de madera suficientemente arriostrados lateralmente y que seguían lineamientos ingenieriles, como arriostramiento lateral para la carga sísmica en los muros, lograban tener un daño mínimo en términos de daño estructural y no estructural”. Estos hallazgos abren una oportunidad clave para el diseño de políticas públicas de mitigación de bajo costo en sectores vulnerables, “demostrando que incluso dentro de la informalidad de la construcción, pequeñas medidas de mitigación o medidas de ingeniería permiten reducir el daño”.

El comportamiento de la infraestructura ante las crecidas en Coquimbo

En el ámbito nacional, Cigiden R+ realizó un exhaustivo trabajo de campo en la Región de Coquimbo a raíz de las severas inundaciones provocadas por los sistemas frontales de julio. Los investigadores Óscar Link, de la Universidad de Concepción, y Wernher Brevis, de la Universidad Católica, junto a un equipo de tesistas de posgrado, recorrieron los valles de los ríos Elqui, Huasco y Limarí para documentar las causas del colapso de puentes, bocatomas, caminos y redes de agua potable en sectores críticos como El Islón y la Ruta 5.

El despliegue en terreno requirió actuar en una precisa ventana de oportunidad. Según explicó Link, el equipo logró llegar a la zona “justo a tiempo: después de que fuéramos a entorpecer las labores para enfrentar la emergencia, y antes de que las reparaciones borraran la evidencia”, lo que permitió registrar el estado original de múltiples estructuras dañadas cuya restauración tomará meses.

La inspección evidenció pérdidas masivas de suelo agrícola, socavación de cauces y el arrastre de terraplenes completos. Para el profesor Brevis, la magnitud de la afectación fue inédita: “vimos cosas que yo no había visto nunca”, destacando el impacto de “numerosos cortes en la Ruta 5 que dejaron al país desconectado” y las fallas prolongadas en el suministro de agua potable y electricidad. A partir del levantamiento geométrico y del análisis hidrodinámico de las crecidas, los investigadores no solo buscan integrar la variable hidráulica en el diseño de obras viales, sino abrir una reflexión de fondo sobre la vulnerabilidad territorial, advirtiendo que “no hemos sido capaces de encontrar soluciones habitacionales en zonas seguras para una gran población de Chile”.

Despliegue interdisciplinario en Corral: tecnología de drones y ecología tras el aluvión histórico

En la Región de Los Ríos, la comuna de Corral fue escenario de una respuesta científica multidisciplinaria tras el histórico temporal de julio que descargó 380 mm de agua en solo 36 horas. Ante el colapso del casco histórico, las inundaciones en Corral Bajo y el desborde de la quebrada Yerbas Buenas, un equipo de especialistas de Cigiden R+, la Universidad Austral de Chile (UACh) y la Universidad Andrés Bello (UNAB) se trasladó directamente a sector de la catástrofe para realizar un levantamiento georreferenciado e integral.

La delegación combinó la arquitectura urbana de Paula Villagra (UACh) y la geología marina de Juan González-Carrasco (UNAB) con la ecología y tecnología aérea desplegada por Mauricio Soto y la médica veterinaria Petra Hochfärfer (ambos de la UACh). Mediante el uso de drones y fotogrametría de alta resolución, los investigadores mapearon laderas y quebradas de difícil acceso, visibilizando áreas rurales apartadas que suelen quedar fuera de los catastros oficiales de emergencia. Como enfatiza Villagra, el valor de este trabajo cartográfico radica en su carácter anticipatorio, dado que “lo preventivo es tener identificadas estas zonas con potencial de activación, como quebradas o sectores con alta pendiente”, permitiendo proyectar escenarios de riesgo para “anticipar que este tipo de eventos podría ocurrir y, de esa manera, adoptar medidas preventivas o de evacuación”.

Este levantamiento no solo cuantificó el movimiento de masas de tierra para alimentar el catastro del Municipio de Corral, sino que evaluó una crisis sanitaria y ecológica latente: la destrucción de hábitats naturales y el consecuente desplazamiento de fauna silvestre y vectores hacia las zonas urbanas secas de la comuna.

Evaluación técnica en Tocopilla: piscinas aluvionales, diseño de muros y pasivos ambientales

Posterior a la ocurrencia de un nuevo evento aluvional en el norte chico, los investigadores Juan González Carrasco (UNAB) y Joaquín Moris (UCN) se desplegaron en la comuna de Tocopilla para llevar a cabo una exhaustiva evaluación geotécnica e hidráulica de las obras de mitigación existentes. Utilizando drones para la toma de fotografías y videos aéreos de alta resolución, la misión analizó en detalle el desempeño de las piscinas aluvionales y de las estructuras destinadas a encauzar y desacelerar los flujos de detritos provenientes de las quebradas de la cordillera de la Costa.

Aunque las piscinas decantadoras cumplieron su función primaria de retención de volumen, los especialistas identificaron aspectos críticos en el diseño puntual de los muros de encauzamiento y contención que terminaron derivando flujos residuales hacia sectores habitacionales. A esta falencia técnica se suma la identificación de un importante volumen de pasivos ambientales e inestabilidades en los conos aluviales cercanos a poblaciones relocalizadas tras el terremoto de 2007. Este escenario expone una vulnerabilidad persistente que requiere ser priorizada por la Dirección General de Obras Públicas (DGOP), evidenciando la necesidad urgente de acortar la brecha entre el diseño formal de ingeniería y las condiciones reales de exposición que enfrentan las comunidades históricamente postergadas.

Inspección geotécnica y tecnologías avanzadas en la red vial de Ñuble, Biobío y Los Lagos

Entre el 21 y el 25 de septiembre, el investigador postdoctoral Manuel Contreras Jara y la investigadora principal de la Línea Infraestructuras de Cigiden R+, Alondra Chamorro (UC), realizaron un despliegue en terreno por las regiones de Los Lagos, Biobío y Ñuble. La campaña persiguió dos metas: evaluar las emergencias viales recientes del invierno y continuar el monitoreo semestral de tramos seleccionados iniciado en 2022 con el proyecto FONDEF ID22I10037 sobre interrupción de tráfico por falla de taludes ante eventos hidrometeorológicos extremos.

Durante el recorrido –efectuado bajo intensas lluvias– el equipo constató la recurrencia de deslizamientos superficiales en taludes de corte y arrastre de sedimentos hacia la calzada. Manuel Contreras precisa que, según los reportes del MOP, estos eventos se concentran fuertemente de Maule al sur, afectando a corredores estratégicos que cruzan la Cordillera de la Costa como la Ruta de la Madera, la Ruta del Itata o la vía Concepción-Cabrero, e incluso puntos de la Ruta 5. Contreras explica que “lo que más afecta a la red vial son las fallas de los taludes de corte generados por la propia construcción de los caminos”, atribuibles a suelos con altos contenidos de finos, precipitaciones intensas y deficiencias geométricas, pues “los cortes suelen diseñarse con una inclinación uniforme a lo largo de toda la ruta, aunque el suelo no es homogéneo en todo el trazado”. La vulnerabilidad se acentúa en zonas previamente incendiadas del Biobío, donde la pérdida de vegetación deja la tierra expuesta a la erosión.

Para mitigar este impacto, el monitoreo analiza la efectividad de soluciones de protección y mantas de control de erosión. Respecto a estos sistemas, Alondra Chamorro enfatiza la urgencia de avanzar hacia soluciones duraderas y basadas en la naturaleza: “Estas medidas funcionan. El problema es que muchas se basan en plásticos o fibras no nativas: controlan la erosión, pero no siempre logran revegetar el talud. Cuando el material se degrada, por ejemplo por exposición al sol o por quemas, la protección se pierde”.

Asimismo, la investigadora remarca la importancia económica de prevenir estas fallas a escala de red: “Reparar una ruta implica costos directos, como movilizar maquinaria para limpiar la vía o reperfilar el talud. Pero hay que sumar los costos indirectos para los usuarios: mayores tiempos de viaje por cortes de tránsito y desvíos hacia rutas más largas. Aunque habitualmente no se consideran, estos impactos pueden ser varias veces mayores que los costos directos de reparación”. Así, el seguimiento sistemático de estas rutas permite proyectar cambios en los criterios de diseño, priorizar la revegetación nativa y evaluar el riesgo en la conectividad territorial de forma integral.

La ciencia que pisa el barro: el valor del dato empírico en la gestión del riesgo

El despliegue territorial de Cigiden R+ durante este 2026 demuestra que la comprensión de los desastres no puede limitarse a modelos teóricos ni al trabajo de escritorio. Recolectar muestras de suelo alteradas por fuego, analizar el comportamiento de una vivienda palafítica tras un sismo M7.4, pilotear drones sobre laderas inestables o dialogar con vecinos y municipios en medio del barro son acciones que conectan la investigación científica con la realidad social y ambiental de los territorios.

En un contexto global donde la crisis climática y la vulnerabilidad urbana multiplican el impacto de las amenazas naturales, la evidencia recogida en terreno es el insumo más valioso para formular políticas públicas de reconstrucción, corregir fallas de diseño en obras de mitigación y proyectar asentamientos humanos verdaderamente resilientes.

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