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Especialistas de Cigiden R+ presentan los hallazgos de la Misión UC que evaluó los daños de los terremotos en Venezuela

10 de Septiembre de 2026

Ingenieros estructurales, arquitectos, constructores, sismólogos y un médico integraron la delegación que inspeccionó edificaciones y midió suelos en Caracas y La Guaira. Sus hallazgos explican por qué el daño fue tan desigual y proponen mejoras en normas y prácticas constructivas aplicables a otros países de América Latina.

Una delegación de 14 especialistas de la Pontificia Universidad Católica de Chile, que trabajó durante una semana en Caracas y La Guaira, algunas de las zonas más afectadas por los terremotos que golpearon Venezuela en junio, dio a conocer los resultados de su campaña de reconocimiento postsismo en el seminario “Venezuela después de los terremotos: la misión de la UC”, realizado el miércoles 9 de septiembre en el Campus Lo Contador. En el encuentro, seis de sus integrantes expusieron las causas de la severidad de los daños y plantearon recomendaciones para la rehabilitación y la reconstrucción, con alcance para otros países de la región. El equipo reunió especialistas en ingeniería estructural, sismología, geotecnia, arquitectura, construcción, gestión del riesgo y medicina. Entre ellos figuraron Rosita Jünemann, Matías Hube, Jorge Crempien, Hernán Santa María, Leoncio Cabrera y Karen Escalona, parte de Cigiden R+.

La misión respondió a una solicitud surgida desde Venezuela para contar con especialistas chilenos, requerimiento que la universidad articuló junto al Ministerio de Relaciones Exteriores, según relató en el encuentro Hernán Núñez, director general de Asuntos Consulares, Inmigración y Chilenos en el Exterior de esa cartera. El equipo llegó a Caracas el 15 de agosto y, durante su estadía, inspeccionó edificaciones dañadas y levantó mediciones en terreno con un propósito que excede el diagnóstico estructural. “Fuimos un equipo interdisciplinario no sólo para evaluar estructuras, sino también para levantar datos e información clave”, explicó Rosita Jünemann, académica UC y directora de Cigiden R+, quien abordó en el seminario los aprendizajes y desafíos de la experiencia desde la gestión integrada del riesgo de desastres.

Catorce especialistas, una lectura integral del desastre

En ingeniería sísmica, una campaña de reconocimiento postsismo es un levantamiento sistemático que se realiza en terreno poco después de un terremoto para documentar cómo respondieron las edificaciones, los suelos y los servicios críticos, antes de que las demoliciones y reparaciones borren esa evidencia. Lo que distinguió a la misión UC fue la amplitud de disciplinas convocadas para esa tarea. “Esta visita de la delegación de la Universidad Católica a Venezuela tuvo una característica especial: no solo contó con ingenieros estructurales, sino también con sismólogos, arquitectos, constructores e incluso un médico”, precisó Hernán Santa María, académico UC e investigador de Cigiden R+, para quien el propósito fue comprender de manera global cómo respondió el país ante la tragedia.

Esa diversidad se tradujo en el programa del seminario, donde seis integrantes de la delegación expusieron los aprendizajes de terreno. Roberto Moris presentó el contexto general de la misión y los desafíos para la arquitectura, la edificación y el patrimonio; Pablo Maturana abordó los daños observados, su reparación y los criterios de intervención en construcción, y Matías Hube analizó el comportamiento de las estructuras y los retos para su evaluación y rehabilitación. Jorge Crempien, desde la geotecnia –la disciplina que estudia el comportamiento mecánico de suelos y rocas–, se refirió a los efectos de sitio, es decir, la forma en que las condiciones locales del terreno amplifican o modifican las ondas sísmicas, y a la necesidad de avanzar en microzonificación, herramienta que divide el territorio según la respuesta esperada del suelo ante un sismo. Completaron el panel Rosita Jünemann, con la mirada de la gestión integrada de riesgos, y Luis Enberg, quien examinó la respuesta hospitalaria y la continuidad operativa de la infraestructura de salud.

Por qué el daño no fue igual en todas partes

El diagnóstico preliminar apunta a una suma de factores. “A grandes rasgos, pudimos identificar por qué se produjeron tantos daños. Esto se debió a la magnitud del terremoto, a las metodologías constructivas empleadas y a los procedimientos de diseño. La combinación de estos factores generó un impacto severo”, señaló Matías Hube, académico UC e investigador de Cigiden R+. Las metodologías constructivas aluden a la forma en que se ejecuta la obra, mientras que los procedimientos de diseño corresponden a los criterios y cálculos con que se proyecta la resistencia de un edificio. Hube explicó además que uno de los sistemas constructivos con mayores daños es poco habitual en Chile, pero de uso extendido en países como Colombia, Ecuador o México, lo que amplía el alcance de las lecciones de la misión.

Jünemann situó ese diagnóstico en el marco conceptual de la gestión del riesgo. Durante el encuentro, planteó que lo observado en Venezuela corresponde a una combinación especialmente desfavorable de los tres componentes del riesgo de desastre: la amenaza, que es el fenómeno natural en sí; la exposición, que refiere a las personas, viviendas e infraestructura situadas en la zona afectada, y la vulnerabilidad, entendida como la susceptibilidad de esos elementos a sufrir daño. Desde esa perspectiva, la magnitud de una catástrofe no se explica sólo por la intensidad del sismo ni por la calidad de las edificaciones, sino por la interacción entre los tres componentes.

A ese análisis se sumó un trabajo de medición en terreno orientado a cubrir un vacío de información. Durante la misión, según detalló Santa María, “realizamos mediciones del suelo y del período fundamental de las estructuras –datos que eran escasos o inexistentes–, lo que nos ayuda a explicar por qué en ciertas zonas hubo daños severos y en otras no, a pesar de tener tipologías constructivas similares”. El período fundamental es el tiempo que tarda una edificación en completar una oscilación cuando vibra libremente, un valor que depende de su altura, su masa y su rigidez. Cuando ese valor se aproxima al período con que vibra el suelo sobre el que se emplaza, el movimiento puede amplificarse. Contar con ambos registros permite comprender por qué edificios de tipologías constructivas equivalentes –es decir, de sistemas y formas de construir– tuvieron desempeños distintos según su ubicación.

La cultura sísmica chilena al servicio de la región

La pregunta sobre qué puede ofrecer Chile en este escenario tiene, para los investigadores, una respuesta nítida. “¿Qué aporta Chile? Principalmente, una sólida cultura sísmica. La alta frecuencia de terremotos en nuestro país nos ha obligado a perfeccionar continuamente las normas de diseño, los protocolos de aprobación de permisos y las metodologías constructivas”, sostuvo Hube, quien advirtió que ”en países donde estos eventos ocurren con menor frecuencia, esa preparación suele descuidarse, lo que incrementa el nivel de daños cuando se presenta una amenaza de este tipo”. Entre las prácticas transferibles, el académico mencionó la revisión independiente de los proyectos estructurales, en la que un profesional distinto del calculista verifica el diseño, y mejores procesos de aprobación y recepción de las edificaciones.

El trabajo en terreno se traduce ahora en propuestas. “Durante la misión inspeccionamos numerosos edificios, lo que nos permitió comprender el sistema constructivo predominante en Venezuela. A partir de ello, podemos proponer mejoras que van desde la actualización de normas hasta las prácticas en obra”, afirmó Santa María. Los ámbitos abordados en el seminario apuntan a insumos de utilidad directa para la política pública, como la actualización normativa, los criterios de intervención de edificaciones dañadas, la microzonificación como base para la planificación territorial y la continuidad operativa de la infraestructura de salud. Se trata de herramientas decisivas en la etapa que se abre, pues, como advirtió Hube, “el gran desafío para Venezuela –y para muchos otros países de la región– radica en la rehabilitación de edificaciones dañadas y en los procesos de reconstrucción”.

La experiencia abre, además, un horizonte institucional. A partir de la misión, la Universidad Católica busca consolidar una capacidad de trabajo multidisciplinario que articule formación, investigación y colaboración internacional para contribuir ante futuras emergencias en América Latina, una proyección en la que el trabajo de Cigiden R+ fue destacado durante el encuentro como ejemplo del tránsito desde enfoques reactivos hacia una comprensión preventiva e interdisciplinaria de los desastres. “Nuestro objetivo es aportar, desde una mirada integral y multidisciplinaria, recomendaciones concretas para el proceso de recuperación”, resumió Jünemann.

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